Cuando toda la información médica parece igual… y no lo es

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Cuando toda la información médica parece igual… y no lo es

¿Por qué deberíamos clasificar la información sanitaria que reciben los pacientes?

Vivimos en una época de sobreinformación médica. Los pacientes reciben mensajes sobre salud desde redes sociales, medios de comunicación, influencers, foros, profesionales sanitarios, pseudoprofesionales y empresas con intereses comerciales. El problema no es solo la cantidad, sino algo mucho más grave: toda esa información llega al mismo nivel, sin jerarquía, sin contexto y, muchas veces, sin una explicación adecuada.

El resultado es confusión, falsas expectativas y, en ocasiones, decisiones clínicas tomadas desde el miedo, la desesperación o la promesa de soluciones que no están bien sustentadas.

El gran error: pensar que toda la “información médica” es equivalente

Uno de los mayores problemas actuales es que se presenta como “medicina” información que pertenece a categorías muy distintas, pero sin explicarlo claramente al paciente. Incluso dentro de la información médica, no todo tiene el mismo grado de respaldo científico ni el mismo nivel de seguridad.

Aquí es donde surge una necesidad clave: clasificar de forma explícita la información sanitaria que se ofrece a los pacientes.

 

Tres niveles de información médica que el paciente debería conocer:


1.Medicina basada en la evidencia (MBE): lo que hoy está contrastado

La medicina basada en la evidencia no significa verdad absoluta, sino que:

  • Está apoyada por estudios bien diseñados
  • Ha sido reproducida por diferentes grupos
  • Sus resultados, beneficios y riesgos son conocidos hasta la fecha

Es la base de las guías clínicas, los consensos internacionales y la práctica asistencial estándar.

Aquí el mensaje al paciente debe ser claro: “Esto es lo que sabemos hoy, con el mejor conocimiento disponible”.

Pero incluso aquí es importante ser honestos: la evidencia evoluciona, cambia y se revisa. La MBE no es dogma, es el mejor conocimiento actual.

 

2.Medicina avanzada o plausible: cuando la ciencia va por delante de la evidencia

Existe un segundo nivel que suele generar mucha confusión. Son intervenciones o enfoques que:

  • Tienen una base fisiológica sólida
  • Se apoyan en observaciones clínicas coherentes
  • Están avaladas por profesionales con experiencia
  • Pero aún no cuentan con suficiente volumen de datos para ser consideradas evidencia sólida

Aquí no hablamos de charlatanería, sino de medicina en fase de maduración.

El problema aparece cuando esta información se presenta como si ya fuera evidencia, sin matices.

El mensaje correcto al paciente debería ser:
“Esto es plausible, prometedor, pero aún no sabemos con certeza su impacto real”.

Este punto es clave en áreas como la reproducción asistida, la medicina personalizada o las terapias emergentes, y es algo que trabajamos de forma explícita en la formación avanzada de profesionales.

 

3.Medicina experimental: posible, pero no demostrada

El tercer nivel es el más delicado.

Aquí entran actuaciones que:

  • No han demostrado eficacia ni seguridad
  • No cuentan con evidencia ni con plausibilidad suficiente
  • Se basan en hipótesis aún no contrastadas

Esto no significa que sean falsas, pero sí que no sabemos si funcionan ni qué riesgos conllevan.

Este tipo de medicina debe explicarse como experimental, sin adornos ni promesas.

Además, éticamente, debería reservarse para situaciones muy concretas, generalmente cuando:

  • No existen alternativas eficaces
  • El paciente es plenamente consciente del riesgo
  • La decisión se toma desde la información, no desde la desesperación inducida

El riesgo real: vender esperanza sin contexto

Cuando no se clasifica la información, el paciente no distingue entre:

  • Lo demostrado
  • Lo plausible
  • Lo experimental

Y en ese terreno gris es donde proliferan los vendedores de soluciones, que quizá algún día se demuestren útiles… o quizá no. El problema no es investigar, el problema es no decir claramente dónde estamos.

La falta de clasificación favorece:

  • Falsas expectativas
  • Pérdida de confianza en la medicina
  • Decisiones clínicas poco seguras
  • Sensación posterior de engaño

Una propuesta sencilla: etiquetar la información médica

¿Y si toda la información sanitaria que llega al paciente estuviera obligatoriamente catalogada?

Por ejemplo:

  • Información basada en medicina basada en la evidencia
  • Información plausible / medicina avanzada sin evidencia suficiente
  • Información experimental / no demostrada

Esto permitiría al paciente saber exactamente en qué terreno se mueve, tomar decisiones más conscientes y protegerse frente a mensajes ambiguos o directamente engañosos.

Educar también es cuidar

En nuestro trabajo diario y en la formación de profesionales sanitarios insistimos en una idea clave: informar no es solo contar cosas, es explicarlas bien y con honestidad.

La alfabetización médica del paciente, la comunicación clara y la ética en la transmisión del conocimiento son tan importantes como cualquier técnica diagnóstica o terapéutica.

Porque, al final, una medicina moderna y avanzada no se mide solo por su tecnología, sino por la calidad de la información que ofrece y la confianza que genera.

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